Sé que Aragón tiene una superficie aproximada de unos 47.719,2 km2 y que tiene a nivel nacional un bajo peso de población, siendo con 26,8 habitantes/km2 la segunda comunidad autónoma de España con menor densidad de población. Realmente es una proporción desequilibrada; pero es que realmente en los pequeños grupos, la magia y la fuerza está más concentrada, y utilizo estos conceptos, porque no me refiero a otra cosa que a la música. Muchas veces oigo decir de boca ajena, autónoma o extranjera y hablando de cualquier tema, que en esta tierra se ahogan hasta los mejores nadadores; es decir, que esos magníficos dones que cualquiera pudiera llegar a tener, en este mismo lugar y por sus propias gentes, no eclosionan ni se desarrollan siendo desperdiciados y la desaprovechados.

La música en Aragón la considero algo realmente importante, tanto que incluso la expresión oral de la lengua se entona con un acento muy peculiar. El rico folklore aragonés está liderado por la jota como todos ya sabemos o deberíamos saber, siendo agradecidos con el “Tío Chindribu”. No obstante, lo más impactante, destacable y agradable para mi persona es ese pequeño despliegue musical, joven y adolescente que adquiere cada vez más fuerza en esta comunidad; y sin embargo lo más desesperante, doloroso y desquiciante, es esa indiferencia exageradamente humana de las mentes cerradas que marchitan las ideas y minan la ilusión.

El síndrome del paraíso rodeado por las llamas del infierno, que no dejan escapar el olor de las flores del edén.

Hay un brote inspirador y artístico que empieza a expandirse, a contagiarse más bien, por las calles aragonesas; podemos hablar incluso de centenares de grupos amateurs, semiprofesionales e incluso profesionales registrados; hablamos de grupos aragoneses ya famosos que se codean con los más grandes del panorama nacional e internacional; pero sobretodo hablamos de esos pequeños grupos y solistas que empiezan a crear y a dar forma a su arte, y posteriormente luchan por sus creaciones, con el fin de darles la oportunidad de ser escuchadas y degustadas.

No hay ni un mínimo de ayudas y los bares barren hacia dentro y muy adentro, mientras que lo ayuntamientos hacen oídos sordos a las lozanas promesas que solo piden un rincón para expresarse. La música ha sido siempre un elemento místico en la vida del hombre, ese que despierta sentimientos y pasiones, tan cotidiano y constante, que merece una oportunidad por pequeña que sea.

Juan Ruiz Salces